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Sopot, a la conquista de Europa
En apenas una década, el Prokom Trefl Sopot ha pasado de ser sólo una ambiciosa iniciativa del dueño de una empresa de puzzles y juegos de mesa a convertirse en el club más sólido de Polonia, campeón de su país las tres últimas temporadas y único representante polaco que ha logrado clasificarse para el Top16 de la Euroliga. Las claves: ilusión, una sólida estructura organizativa, un patrocinador implicado y una fiel masa social. En el horizonte, un nuevo pabellón con capacidad para 15.000 personas y la organización de una Final Four, con el modelo de NBA y ACB como ejemplo a seguir


Tomas Pacesas, uno de los integrantes de una plantilla de garantías (Foto Euroleague)

Polonia y su baloncesto han sido, para la mayoría de aficionados a este deporte, un gran desconocido hasta hace bien poco. La ausencia de resultados relevantes de su selección nacional en las últimas décadas y la presencia casi testimonial de sus clubes en las principales competiciones europeas han alejado de la luz de los focos al país del Mar Báltico en el pasado reciente. Lejos quedan las medallas europeas cosechadas en los sesenta (una de plata y dos de bronce entre 1963 y 1967) y más aún el tercer lugar obtenido en el Campeonato de Europa de 1939, posición que proporcionaba el primer metal al baloncesto de Polonia sólo once años después de la creación del combinado nacional.

A nivel de club, el bagaje es mucho más pobre. Sus principales equipos han permanecido alejados de la primera plana continental hasta prácticamente el final del siglo XX, aquejados fundamentalmente de dos males: ausencia de jugadores de calidad y escasa profesionalización de sus estructuras, tanto federativas como a nivel de club. Aunque la década de los 90 supuso el primer empujón importante –coincidiendo con el aterrizaje de la NBA a la televisión y con los primeros fichajes de jugadores norteamericanos de cierto nivel -, no fue hasta este siglo cuando ciudades como Sopot, Wloclawek o Wroclaw hicieron su aparición por las rondas finales de las principales competiciones europeas.

Probablemente, el primer aviso importante que alertó a Europa de que algo estaba cambiando en Polonia fue la clasificación del Prokom Trefl Sopot para la segunda ronda de la Euroliga, el Top16, en el 2005. Aunque sólo dos temporadas antes, en la 2002-2003, este mismo club había alcanzado la final de la por entonces poco reconocida Fiba Champions Cup –perdió por 83 a 84 frente al Aris de Salónica griego-, nadie, o muy pocos, habían reparado en el crecimiento del baloncesto en este país. Si bien el Slask Wroclaw era ya un inquilino habitual de la máxima competición continental (2001, 2002 y 2003), fue el Prokom quien provocó que muchas miradas se desviaran hacia Polonia a partir de ese primer ingreso en el Top16.

La ambición por bandera

Campeón de liga durante las tres últimas temporadas (2004-06), el Prokom reclamó de nuevo el protagonismo en los medios este mismo verano debido a su ambiciosa política de fichajes y al anuncio de grandes planes de futuro, tales como la construcción de un pabellón de 15.000 espectadores y la organización de la Final Four en un plazo de tres o cuatro años. Aunque su máximo artillero, Goran Jagodnik, salió del equipo rumbo a Rusia, el club se reforzó mucho y bien con las firmas de nombres contrastados como Donatas Slanina, Justin Hamilton, Huseyin Besok o Jasmin Hukic. Estas cuatro incorporaciones se unían a un grupo ya consolidado (Pacesas, Masioulis, Dalmau, Wojcik, Nordgaard, Atkins, etc.), conformando así una plantilla de total garantía. El único revés veraniego fue la decisión de Robertas Javtokas de aceptar la superior oferta del Panathinaikos cuando su firma por el equipo polaco era casi un hecho.


Kazimierz Wierzbicki, presidente del Prokom Trefl Sopot (Foto Euroleague)

Con estos mimbres, sorprende poco que su entrenador Eugeniusz Kijewski admita objetivos tan ambiciosos para esta temporada como “repetir el título de liga en Polonia y acceder al Top16 en la Euroliga”. Y es que como él mismo reconoce, “es la mejor plantilla que he tenido en toda mi carrera como entrenador”. Por esta razón, y por el hecho de partir como el rival a batir en su país, la presión será un inseparable compañero de viaje, algo que no parece asustar al preparador polaco: “En cualquier tipo de deporte necesitas estar continuamente en movimiento y bajo presión, lo que constituye una garantía para lograr el éxito”.

En estos mismos términos se expresa el presidente y fundador Kazimierz Wierzbicki, verdadero responsable de que el baloncesto en Sopot haya alcanzado los niveles más altos en apenas diez años –el club fue creado en el verano de 1995-. “Nuestro objetivo deportivo para esta temporada es alcanzar el Top16. En las próximas tres o cuatro nos gustaría establecernos como uno de los equipos punteros en Europa”, reconoce Wierzbicki, quien no sólo rebosa ambición en el terreno deportivo, sino también en el organizativo: “Queremos organizar una Final Four en el 2009 o el 2010, ya que de aquí a dos años contaremos con un nuevo pabellón que dará cobijo a unos 15000 aficionados en la frontera entre Sopot y Gdansk. Queremos organizar este evento porque creemos que será muy importante para el crecimiento del baloncesto en Polonia y en toda el área báltica. Esperamos que los dirigentes de la Euroliga compartan nuestro punto de vista”, revela.

Tal declaración de intenciones podría sonar a bravuconada en boca de otro dirigente, pero no sucede así en el caso de este empresario polaco, propietario de la compañía Trefl –actualmente segundo patrocinador del equipo-, dedicada al mundo de los puzzles y los juegos de mesa desde 1985, año en el que se fundó, y que exporta sus productos a más de 25 países, tanto de Europa como de América. Íntimamente relacionado con el baloncesto desde hace más de 30 años –fue entrenador del ya desaparecido ‘Spójnia’ Gdansk Sports Club-, Wierzbicki ha sabido levantar una sólida estructura en lo que antes era un solar y, lo más importante de todo, pretende arrastrar con su ímpetu a otros que, como él, crean en la revitalización del deporte de la canasta en Polonia.

Ensamblando el ‘puzzle’

Desde su fundación en 1995, la trayectoria del equipo de Sopot ha sido meteórica. Las dos primeras temporadas se saldaron con sendos ascensos, consiguiendo así el ingreso en la máxima categoría en el verano de 1997. Ese mismo año, el club transformó su condición y pasó a convertirse en una sociedad limitada pública deportiva, lo que significaría un hito en la historia del baloncesto polaco y marcaría el camino a seguir para el resto de clubes en el futuro. En el plano deportivo, el fichaje del ex NBA Gary Alexander en el año del debut fue clave para mantener con holgura la categoría y repetir un más que digno puesto noveno la temporada siguiente


El apoyo de su afición es constante (Foto Euroleague)

La otra gran pieza que ha servido para construir el sólido campeón en el que se ha convertido hoy el club de Sopot llegó en la primavera de 1998. En aquellas fechas se logró un acuerdo de patrocinio con la empresa Prokom Software, propiedad de Ryszard Krauze, otro gran entusiasta –y ex jugador- del deporte de la canasta. Ya con su nuevo nombre -Prokom Trefl- y con una estabilidad económica y organizativa mayor, el equipo de Sopot fue poco a poco ganándose un lugar de privilegio tanto en su torneo doméstico como fuera de sus fronteras; en el año 2000 llegaría la primera Copa y en el 2001 el primer “bronce” liguero y la primera participación en la Korac (cuartos de final). Subcampeones de liga en el 2002 y en el 2003 –además del ya mencionado subcampeonato en la Fiba Champions Cup-, la gloria llegaría en forma de títulos a partir del año 2004. Desde entonces, tres campeonatos consecutivos –acabando con la hegemonía del Slask, prácticamente intocable desde el año 1991- y una aparición en el Top16 de la Euroliga, competición de la que es ya participante habitual.

¿Cómo es posible que, en tan sólo diez años, un club creado de la nada pueda lograr tal crecimiento? Su fundador y presidente nos los explica: “Conozco el baloncesto polaco desde hace mucho tiempo, así que no fue una tarea demasiado complicada. Gracias a mi empresa Trefl teníamos dinero como para obtener un nivel de organización suficiente. Lo más complicado fue lidiar con factores externos al propio club, tales como la falta de profesionalismo de la propia liga polaca”. Esa falta de profesionalismo de la que acusa a la liga es, precisamente, uno de los aspectos que con más ahínco ha tratado de evitar en su club, en el que trabajan más de quince personas.

Ni siquiera el hecho de residir en un área no demasiado grande han supuesto un obstáculo insalvable para armar un club campeón, según nos confiesa: “Sopot no será una ciudad demasiado grande pero está situada en una zona que, agrupando las tres ciudades que la componen, cuenta con un millón de habitantes. Pero el factor definitivo para convertirse en el equipo más potente de Polonia fue encontrar un socio estratégico como Ryszard Krauze, propietario de la compañía Prokom. Con una mayor cantidad de dinero en las arcas del club y la ayuda personal de Krauze hemos sido capaces de construir el equipo más fuerte del país”.

Las piedras del camino

Además de la debilidad de las estructuras, tanto en la competición liguera como en la propia federación, los clubes polacos deben pelear con la falta de ‘tirón’ del deporte de la canasta, el cual a duras penas se sitúa entre los cinco más populares en un país acostumbrado a vivir de los éxitos puntuales en todas aquellas disciplinas deportivas que no son el fútbol. Las lagunas en la cobertura televisiva de los partidos –no son visibles en todas las regiones del país- son otro elemento que dificulta sobremanera el establecimiento de unas bases sólidas para el crecimiento del baloncesto.


Los objetivos del Prokom son elevados (Foto Euroleague)

Para Wierzbicki, la situación a día de hoy “es mala”, aunque detecta “los primeros síntomas de arreglo en la organización tanto de la Liga como en la Federación”. Para el presidente del equipo de Sopot, una de las claves para garantizar éxitos en el futuro pasa por el trabajo con la cantera, campo en el que considera la Federación no ha hecho un buen trabajo hasta ahora: “Los responsables anteriores de la Federación no pudieron gestionar este tema de la manera adecuada. No sacaron provecho del dinero asignado y tampoco hicieron lo más importante, atraer a la gente joven hacia el baloncesto”. Por ese motivo, Wierzbicki apuesta por un esfuerzo desde los propios clubes: “Nosotros queremos cambiar esto en nuestro club, y por eso organizamos la mejor escuela de baloncesto en Polonia, la cual nos gustaría poner en el mismo nivel que las mejores escuelas del continente”.

NBA y ACB como modelos

Consciente de su condición de abanderado en la tarea de modernización y promoción del baloncesto en su país, Wierzbicki reconoce que todos deberían fijar su atención en otras competiciones y en otros modelos de organización, como por ejemplo, la NBA: “En mi opinión deben suceder grandes cambios en Europa. Debemos mirar a la NBA, en donde el peso de los patrocinadores en los equipos es mucho menor; los clubes allí son como empresas bien organizadas que funcionan no sólo gracias a la esponsorización de los patrocinadores sino, sobre todo, vendiendo los productos que ellos mismos generan. En Europa es completamente diferente, puesto que los principales ingresos llegan desde el espónsor”.

La ACB, por su cercanía y su organización, es otra entidad que atrae al presidente del equipo de Sopot, que considera a la competición española como una pieza que pudiera ser clave en el futuro desarrollo de la liga en su país: “En el caso de que la liga se profesionalice y alcance acuerdos o compromisos con entidades como, por ejemplo, la propia Liga ACB, y con la ayuda de la Federación, creo que podríamos alcanzar un nivel muy alto en la competición doméstica en un plazo de entre cinco y quince años. En caso contrario el baloncesto polaco no tendrá la oportunidad de crecer”, asegura.

Natxo Mendaza
(Redactor especializado en baloncesto europeo)

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