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Portugal: El gran desconocido
Portugal nunca ha sido un país fuerte en el panorama baloncestístico, pero poco a poco parece emerger hasta el hito actual de conseguir un billete para el Eurobasket 2007. Pablo Maroto nos presenta al equipo luso, rival de España en la primera fase


Francisco Jordao, uno de los referentes de la Portugal actual (Foto Fibaeurope.com)

No existen muchas dudas a la hora de afirmar que Portugal es, a nivel baloncestístico, uno de los grandes desconocidos de Europa. Desde la invención del deporte de la canasta hasta nuestros días, son muy pocas las informaciones que han trascendido en España sobre el país vecino. En una nación en la que el fútbol acapara prácticamente toda la atención mediática y el interés de la población, el baloncesto no ha dado para grandes titulares, aunque la clasificación de la selección para disputar el Eurobasket podría suponer un pequeño punto de inflexión.

El Campeonato de Europa de 1951, disputado en Francia, es la única referencia portuguesa a nivel de selecciones en un gran torneo internacional. El conjunto luso no cuajó precisamente una gran actuación en París, y finalizó en decimoquinta posición (de un total de 18 participantes), solo siendo capaz de batir a rivales de poca entidad como Suiza, Escocia o Rumania (ésta última finalizaría 2-0 por incomparecencia del equipo de los Cárpatos).

A nivel de clubes tampoco los inicios fueron reseñables. Equipos como el Academica, Barreirense u Os Belensenses fueron los primeros dominadores de la competición nacional y representaron a Portugal en la antigua Copa de Europa de clubes, aunque sin ningún tipo de repercusión ni resultados destacables.

La importancia de las ex colonias portuguesas en el baloncesto del país ha tenido bastante relevancia en el lento avance del mismo. Resulta curioso que conjuntos como el angoleño Sport Luanda e Benfica (que llegó a ser uno de los pocos equipos africanos que disputaron la Copa de Europa) o el Sporting Lourenço Marques, de Mozambique, inscribieran su nombre como campeones nacionales a finales de los años 60 y principios de la década de los 70.

Para hallar la primera referencia baloncestística sólida de Portugal hay que hablar del Benfica de Lisboa. Este conjunto capitalino, el más laureado del país con 20 títulos ligueros y 18 Copas (que en la actualidad ha abandonado la Liga Profesional de Baloncesto por fuertes desavenencias con sus dirigentes en relación a un presunto caso de dopaje) tuvo a principios de los años 90 sus años dorados, logrando formar un equipo que no sólo dominara sin oposición la competición local, sino que compitiera sin complejos con los grandes de Europa, hasta la fecha todo un hito en el bisoño baloncesto del país vecino.

Con un equipo formado por los mejores jugadores nacionales del momento, como Carlos Seixas o Carlos Lisboa (este último poseedor del récord de triples convertidos en un partido de Euroliga de la campaña 1995-96, tras conseguir 10 encestes desde los 6,25 frente al Partizan) reforzados por la presencia del atlético ala-pívot angoleño Jean Jacques Conceiçao (uno de los protagonistas, junto a su compañero de equipo y de selección José Guimaraes, del famoso “Angolazo” de Barcelona 92) y bajo la batuta del laureado entrenador Mario Palma (posteriormente seleccionador nacional de Angola, a la que llevaría a dominar el baloncesto africano), el Benfica se convirtió en una molesta chinita en el zapato para algunos de los grandes de Europa.

Más que meritorias fueron victorias como las conseguidas frente al Joventut en el Olímpico de Badalona (76-79, en diciembre de 1993, meses antes de que los verdinegros de coronaran campeones en la Final Four de Tel Aviv) o la lograda poco más de dos años después en su feudo ante el Panathinaikos de Dominique Wilkins, Stojko Vrankovic y Fragiskos Alvertis (96-87, enero de 1996), a la postre campeón de la polémica Final Four disputada en Paris-Bercy.

Aunque quizá su hazaña europea más sonada tuviera lugar un 8 de octubre de 1996, cuando los lisboetas, en partido de liguilla de la extinta Eurocopa, fueron capaces de protagonizar una heroica victoria en el Palacio de los Deportes de la Comunidad, derrotando a domicilio al Real Madrid (que también meses después se proclamaría vencedor del torneo en liza tras imponerse al Verona en la final de Nicosia) de los Dejan Bodiroga, Alberto Angulo, Juan Antonio Orenga o Mike Smith. Una canasta en la última posesión del base Pedro Neves dejaría el marcador en un 59-60 final, sin duda en uno de los resultados más sorprendentes e inesperados de los últimos años. Posteriormente, conjuntos como el Oporto o el Ovarense tomarían el relevo del Benfica en competiciones europeas, aunque con bastante menos éxito.

Sin duda estos antecedentes supusieron un avance global para el baloncesto luso. La apertura de las fronteras con la “ley Bosman” convirtió Portugal en un país atractivo para multitud de jugadores españoles, y otros comunitarios, que incrementaron el nivel competitivo. Nombres como Joaquín Arcega, Tomás Jofresa, Salva Díez, Santi Aldama, Juan Carlos Barros, Santiago Toledo, o Joffre Lleal, entre otros, recalaron en distintos clubes lusos, aportando más lustre a la liga del país.

Pero curiosamente ese “trasvase” no fue unidireccional. La globalización del baloncesto proporcionó la oportunidad, (algo bastante impensable y casi utópico años atrás) de que algunos jugadores lusos cruzaran la frontera y probaran suerte en la mejor liga de Europa. Primero sería el alero Nuno Marçal (1999-2000), quien recalara en el CB Fuenlabrada, abriendo una vía para otros compatriotas como el malogrado Paulo Pinto (ex Gran Canaria en 2000-2001, fallecido trágicamente un año después a causa de un aneurisma cerebral en plena disputa de un partido de liga portuguesa), Sergio Ramos (este alero lisboeta cuajó excelentes temporadas en Lleida, aunque una grave lesión trunco su gran trayectoria), o algunos de los actuales internacionales, como el pívot de origen caboverdiano Elvis Evora (ex Tenerife) o el alero Joao Santos, actualmente en las filas del Grupo Capitol Valladolid.

Con este panorama, solo faltaba la guinda que rubricara esta constante aunque lenta progresión. Y este hecho se ha producido con la clasificación para el Eurobasket, que ya de por sí es un éxito sin parangón. De la mano de los Evora, Santos y bajo la tutela del entrenador ucraniano Valentyn Melnychuk, otro de los artífices del “milagro luso”, Portugal conseguía el más difícil todavía tras quedar primera en un complicadísimo grupo clasificatorio en el que se encontraban tres rivales teóricamente muy superiores; Bosnia, Macedonia (ambos representantes de la escuela ex-yugoslava) y la correosa y experimentada Israel. Una contundente victoria en casa (69-49) frente a los hebreos certificaría algo que ni los más optimistas se hubieran atrevido a pronosticar: Portugal estará este verano en el Eurobasket de España.

Pablo Maroto
(Redactor independiente)

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