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China: fiebre de basket en el gigante asiático
Si hay algún país en el mundo que ha conocido una increíble expansión del deporte de la canasta ese es, sin ninguna duda, China. El gigante asiático ha logrado, en poco más de una década, situar al baloncesto en el primer lugar de las preferencias del gran público. La aparición de grandes estrellas como Yao Ming, Yi Jianlian o el veterano Wang Zhizhi ha provocado una auténtica fiebre que augura un futuro más que prometedor para este deporte en este país. En un interesante artículo, Pablo Maroto nos relata el desarrollo del baloncesto en China, su rápido crecimiento y sus próximos objetivos, entre los que destaca la participación en los próximos Juegos de Pekín


Yao Ming y Yi Jianlian, exponentes de China en la NBA (Foto EFE)

Hace poco más de dos siglos, el emperador francés Napoleón Bonaparte, definía con estas palabras su opinión sobre China: "Allí duerme un gigante. Dejémosle que duerma, porque cuando despierte se moverá el mundo entero". Este vaticinio, que en otros ámbitos (economía, política, poderío militar) se ha ido cumpliendo con milimétrica precisión, parece que empieza a tener una aplicación directa en el mundo del baloncesto. Y es que el gigante asiático es un buen espejo en el que se puede reflejar la creciente universalidad del deporte de la canasta, que en poco más de una década ha pasado en este país de la semiclandestinidad a tener un auge que los más optimistas difícilmente hubieran podido imaginar.

Pese a ser una de las potencias que han dominado históricamente el baloncesto asiático, el impacto que, a nivel social, este deporte ha tenido en la República Popular China puede calificarse de discreto hasta mediados de la década de los 90. La primera piedra del que ha sido un vertiginoso proyecto se pondría en el año 1995, con la creación de la CBA, la primera liga profesional del país, que en sus dos primeros años de funcionamiento estuvo excesivamente lastrada por una tremenda dependencia con respecto al rígido entramado burocrático existente en las estructuras deportivas estatales. Dos años después, tras una corriente liberalizadora que culminó con el aterrizaje en la competición de la empresa estadounidense Internacional Management Group (1997), se permitía un cierto margen de maniobra a los equipos integrantes, que pudieron buscar patrocinadores y fuentes de ingreso sin tener que depender únicamente de las arcas estatales.

En la CBA compiten 16 equipos, siendo el conocido como Bayi Rockets (“Cohetes del Primero de Agosto”) el más laureado al haber conseguido 8 de los 12 campeonatos disputados. Radicado en la ciudad de Ningbo, los Rockets son el equipo del ejército chino y han de contar obligatoriamente cada temporada (un requisito de un Estado reticente a perder toda su influencia y control sobre el baloncesto del país) con la mitad de los integrantes de la selección nacional, en un intento de aumentar la cohesión de cara a mejorar su competitividad internacional.

A pesar de las restricciones existentes en lo referente a la contratación de extranjeros y a que el fin último de la competición es la formación de jugadores autóctonos (las grandes estrellas del baloncesto chino se han formado aquí), a lo largo de estos años han militado en la competición jugadores extranjeros de cierto calado que han subido el listón competitivo, entre los que podemos citar a los estadounidenses Alex Scales (militó en Shangai Sharks y Jiangsu Dragons antes de recalar en el Real Madrid) y Laron Profit (ex Lakers y Efes Pilsen, disputó dos temporadas con los Guangdong Southern Tigers), el nigeriano Olumide Oyedeji (ex NBA, jugó en los Beijing Ducks) o su compatriota Gabe Muoneke, reciente fichaje del TAU Cerámica.


Wang Zhizhi fue el primer chino en jugar en la NBA (Foto EFE)

Pese al aceptable nivel de la CBA, faltaba algún hito baloncestístico con el que llegar a enganchar al gran público. Y este proceso comenzaría en el verano de 1999, cuando los Dallas Mavericks eligieron al ala-pívot Wang Zhizhi en el puesto 36 de la segunda ronda del draft. Pese a tener un duradero conflicto de casi cuatro años con las autoridades deportivas del país al negarse a asistir a una concentración estival de la selección en 2002 (el jugador prefirió pasar el verano en Estados Unidos buscando un nuevo contrato en la NBA), el hecho de tener un jugador compitiendo al más alto nivel tuvo un impacto verdaderamente importante en el escenario deportivo del país. “Da Zhi”, como es conocido popularmente en China, abriría una puerta en un mercado hasta la fecha prácticamente prohibitivo para jugadores asiáticos, por la que posteriormente pasarían el corpulento Menk Bateer, jugador de origen mongol que recalaría en Denver, San Antonio y Toronto y el gigante Yao Ming (estos tres jugadores fueron conocidos como “La Gran Muralla China” durante su estancia norteamericana), cuya llegada a la NBA supuso el verdadero golpe de efecto que el baloncesto chino llevaba años esperando.

Y es que Yao derribó barreras nada más pisar suelo estadounidense. Sus 2,29 metros de altura, su elección por Houston Rockets como el número 1 del draft (la primera vez en la historia para un jugador no estadounidense) y las polémicas involuntarias que mantuvo a su llegada con el mediático Shaquille O´Neal, el jugador del momento, fueron un inmejorable reclamo para el aficionado chino. Su titularidad, su sobresaliente rendimiento en la franquicia tejana (ha disputado cinco All-Star de forma consecutiva) unido a su tremenda disponibilidad con la selección nacional han disparado su popularidad y la del deporte de la canasta en China hasta niveles realmente impensables. El pívot de los Rockets, más que un ídolo deportivo, es concebido como un símbolo de la creciente competitividad del país, que sigue con avidez sus partidos de la liga profesional estadounidense. Hechos como el haber sido galardonado como Trabajador Modelo del Comunismo y haber sido el primer deportista del país cuyo rostro aparece estampado en una colección de medallas conmemorativas, son sólo dos ejemplos que hablan de hasta donde llega la trascendencia de este baloncestista. El pasado 6 de agosto, su boda, celebrada en Shangai con la también baloncestista Ye Li, se convirtió casi en una cuestión de Estado, y fue llevada con el hermetismo y la opacidad que suele acompañar a las altas jerarquías del país, ya que ninguno de los numerosísimos informadores que acudieron a cubrir el evento pudo conseguir ninguna instantánea de la ceremonia nupcial.

Por si esto fuera poco, al inicio de esta temporada el prometedor ala-pívot Yi Jianlian recalaría en Milwaukee Bucks, haciéndose pronto con un hueco en el quinteto inicial del equipo que dirige Larry Krystkowiak. El viernes 9 de noviembre, se produciría el esperado duelo entre Rockets y Bucks, o lo que es lo mismo, entre Yao y Yi. El partido causó tanta expectación en China que fue retransmitido por 16 canales de televisión, consiguiendo una audiencia que oscilaba entre los 200 y los 250 millones de telespectadores. Para plasmar en algo más tangible las frías cifras, esto sería el equivalente a imaginar a la mitad de las habitantes de la Unión Europea, o a casi la totalidad de la población de Estados Unidos sentada delante del televisor viendo el partido. Todo un hito, sin duda.

Ejemplos como este hablan bien a las claras de que la fiebre baloncestística que vive China se ha convertido en un verdadero ciclón que ha ido arrasando todo lo que ha encontrado a su paso, acabando con la jerarquía deportiva existente hasta el momento. El fútbol, otrora deporte rey, ha visto caer su popularidad en picado de la forma exponencial en la que ha subido el basket. Recientes estudios publicados por los medios de comunicación indican que coincidiendo con todo este “boom”, el número de jóvenes registrados en la CFA (Asociación China de Fútbol) ha pasado de 650.000 en 1995 a poco más de 30.000 en la actualidad, mientras que el número de escuelas se ha reducido de una forma aún más drástica, pasando de más de 4.000 a apenas una veintena. Otras disciplinas de férrea tradición oriental, como el tenis de mesa o el badminton, intentan aguantar el tipo ante la vorágine de basket que sacude a la sociedad.

El hecho de que esta práctica deportiva genere esta expectación en la primera potencia demográfica del planeta no ha pasado desapercibido por parte de las grandes entidades del baloncesto internacional, que han visto en China un filón en forma de un mercado muy poco saturado y con unas perspectivas de negocio realmente halagüeñas, teniendo en perspectiva que cuentan con un mercado de más de 1.300 millones de personas en un entorno de constante crecimiento económico, a pesar de las grandes bolsas de pobreza. Hace años, durante una visita oficial, un dirigente deportivo chino intentaba convencer a David Stern, de que su país podía ser, tras Estados Unidos, el segundo mercado para la liga profesional norteamericana, a lo que el comisionado de la NBA respondía: “no estoy de acuerdo, creo que seréis el mercado número uno”. Tan en serio realizó Stern esta afirmación que no tardaría en desvelar que uno de los proyectos de expansión mundial contempla la creación de franquicias en este país asiático.


Yi Jianlian es la nueva gran promesa del baloncesto chino (Foto EFE)

Con esta visión, la NBA ha echado sus redes en esta parte de Asia, generando una creciente ola de actuaciones y eventos en una nación de la que proceden casi una tercera parte de las visitas a su portal oficial de Internet. Los partidos de pretemporada de la liga estadounidense tienen desde hace años una parada fija en algunos de los gigantescos recintos que existen en China, como el pabellón Qi Zhong de Shangai.

Pero no sólo la competición norteamericana se ha percatado del filón que puede suponer este pujante mercado. A finales de septiembre y principios de octubre tuvo lugar en la ciudad de Kunshan el “CBA-Euroleague Challenge 2007”, un torneo organizado conjuntamente por la Euroliga y la liga china, y en el que compitieron el CSKA de Moscú (que se proclamaría campeón) y el Benetton Treviso como representantes del Viejo Continente, junto con los Sydney Kings, en representación de la liga australiana y una selección china, con Yao Ming a la cabeza. La experiencia resultó tremendamente positiva y sirvió para acercar a los aficionados del país otra realidad de este deporte, como es el emergente baloncesto europeo.

Para que el pastel tenga su guinda, muchos esfuerzos están orientados a conseguir que la selección de China consiga tener una actuación destacada en un evento internacional, y nada mejor que los venideros Juegos Olímpicos de Pekín para lograr el tan ansiado logro. La evolución del conjunto nacional ha sido lenta pero tangible. Desde aquel 7 de agosto de 1994, de infausto recuerdo para la afición española (el equipo asiático se imponía por 78-74 y dejaba a España fuera del mundial de Canadá a las primeras de cambio), China ha conseguido mantener un nivel competitivo estable, sin grandes éxitos pero sin fracasos estrepitosos. La federación, consciente de la necesidad de adaptar su juego al que practican los grandes del baloncesto internacional, no ha escatimado en esfuerzos a la hora de contratar técnicos de renombre, como el estadounidense Del Harris (ex de Lakers, Bucks y Rockets), con el que se consiguió un meritorio pase a cuartos de final en los Juegos de Atenas 2004 tras una memorable victoria sobre la Serbia y Montenegro de Zeljko Obradovic. Desde ese mismo año, el lituano Jonas Kazlauskas, un importante técnico en el concierto europeo (Olympiacos, Zalgiris, selección de Lituania…) se ha hecho con las riendas del equipo con un solo objetivo en perspectiva; preparar los Juegos de 2008.

Pese a esta evidente modernización, algunas estructuras del pasado siguen vigentes en el entorno del conjunto nacional chino. La más frecuente es la obligatoriedad periódica de unirse al ejército, para pasar cuatro o cinco días de maniobras militares, con la finalidad de aumentar la cohesión interna del grupo.

La reciente y grave lesión sufrida por Yao Ming (se perderá todo lo que resta de temporada en la NBA por una rotura en su pie izquierdo) ha supuesto una verdadera conmoción en el país, no sólo en el aficionado chino, que ve peligrar su participación en un evento tan esperado, sino en todos los estamentos deportivos, periodísticos (la prensa tildaba este hecho con términos como “fatalidad” o “agonía”), sociales e incluso organizativos de Pekín 2008, que han utilizado la imagen del jugador de Shangai como un verdadero reclamo para promover los Juegos a nivel internacional. Además, el baloncestista es el principal candidato a depositar la llama olímpica en el pebetero en la ceremonia de apertura que se celebrará el 8 de agosto. Aunque este infortunado incidente tiene aún muchas incógnitas por despejar, parece poco probable que Yao se acabe perdiendo el torneo, o al menos el jugador hará todo lo posible por cumplir con tantas expectativas depositadas sobre sus espaldas. Sus declaraciones al respecto (que han causado cierto malestar en Houston), en las que afirmaba que no acudir con China a los Juegos serían la peor decepción de su carrera profesional, no dejan lugar a dudas del compromiso del pívot de los Rockets.


Jonas Kazlauskas dirigirá a la selección china en los Juegos de Pekín (Foto Fiba2006.com)

A pesar de ser anfitrión, contar con el respaldo de centenares de millones de aficionados y tener en sus filas a jugadores de la talla de Yao Ming (si su recuperación cumple los plazos previstos, que en principio es de cuatro meses) y Yi Jianlian, así como el probable apoyo del veterano Wang Zhizhi (“perdonado” por las autoridades chinas tras un público arrepentimiento del jugador, que ya disputó el Mundial de Japón), y quien sabe si del gigante Sun Mingming (el jugador más alto del planeta, pasea sus 2, 36 metros por la liga mexicana) la tarea “olímpica” no se antoja nada sencilla para los de Kazlauskas. Y es que a Pekín se desplazarán, en principio, otros 10 equipos de un nivel realmente alto (aún faltan saber las tres plazas del preolímpico) y en teoría solamente la desconocida selección de Irán, clasificada “de rebote” como representante asiática al tener China plaza por anfitrión, puede asumir claramente el papel de “cenicienta”. Para el asalto al éxito (que probablemente estará fijado, como mínimo, en llegar al cruce de cuartos de final), será importante ver la evolución de jugadores de perímetro como Wang Shipeng, Zhu Fangyu o Sun Yue, ya que en principio el juego interior, que es donde se desenvuelven todas sus estrellas, tiene bastantes más garantías.

El próximo 26 de abril, el pabellón Wukesong, en Pekín, albergará el sorteo que determinará la composición de los dos grupos de seis equipos que competirán en los Juegos, por lo que será un buen momento para calibrar las posibilidades reales de los anfitriones.

Las autoridades olímpicas se han volcado con especial interés en el desarrollo del torneo de baloncesto, que será con diferencia el evento olímpico que mayor atención acapare entre el público local. La cobertura mediática promete ser más que exhaustiva (los responsables televisivos se frotan las manos ante las posibles audiencias que el campeonato puede dar de sí), y por si fuera poco, el Comité Organizador (BOCOG) firmó un acuerdo con FIBA y NBA con el objetivo de cuidar hasta el más pequeño detalle y lograr el entorno más cuidado y atractivo posible para todo el público que acuda a presenciar en directo los partidos.

Con independencia de los resultados que coseche China en tan importante cita, todos los indicadores apuntan a que el auge que el deporte de la canasta vive en esta nación no va a ser flor de un día. Las intensas políticas de promoción deportiva que actualmente existen como consecuencia de la cercanía de los Juegos Olímpicos incluyen que, en un plazo máximo de cinco años, hasta la aldea más remota del país pueda contar con una cancha de basket. Por tanto, si se unen infraestructuras, poder económico y potencial demográfico, podemos estar al inicio de la formación de una potencia baloncestística en ciernes, que por sus desmesuradas dimensiones puede catapultar a medio plazo al deporte de la canasta a unos registros de popularidad únicos a nivel global. No obstante, habrá que esperar unos años para saber si la predicción napoleónica sobre China tiene también que ver con su baloncesto.

Pablo Maroto
(Redactor independiente)

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