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Syracuse-Connecticut: Seis prórrogas para la historia
El Syracuse - Connecticut de la NCAA ha entrado por la puerta grande en la historia del baloncesto merced a sus seis prórrogas, en un encuentro inolvidable de casi cuatro horas que deparó cifras insólitas y ha suscitado numerosos comentarios en Estados Unidos por su épica y emoción


El luminoso, reflejando la sexta prórroga del Syracuse-Connecticut

01:22 AM. La madrugada amenaza y aún hay una serie de valientes que resisten en la cancha. Son los jugadores de Syracuse y Connecticut, que disputan en un marco idílico como es el Madison Square Garden, un encuentro que quedará para la historia de la NCAA y, por qué no decirlo, en el baúl de los recuerdos del propio baloncesto. Los casi veinte mil espectadores aplauden extasiados, en pleno trance. La bocina suena. Los vencedores se abrazan, los derrotados se consuelan con orgullo. La grada en pie.

No, no era la final del torneo sino un encuentro sencillamente inolvidable, que se decidió por 127-117 para Syracuse después de… ¡seis prórrogas! El choque, que comenzó a las 21:37 y que duró tres horas y cuarenta y cinco minutos, pudo tener un guión bien distinto si Eric Devendorf hubiera lanzado el balón una décima antes en el tiempo reglamentario. La historia resultó casi tan increíble como el propio show de las prórrogas. Con 71-69 para Syracuse, el base de UConn cogió un rebote en ataque y logró empatar el encuentro a falta de un segundo para su finalización. Sin embargo, sacando desde su propia canasta, un pase de un extremo a otro de la cancha le llegó a Devendorf que tiró en una posición inverosímil para ganar el encuentro. Y anotó. Su euforia le llevó a subirse a la mesa de anotadores para celebrarlo y su afición estaba en las nubes cuando los árbitros, tras consultar el vídeo, determinaron que el triple era fuera de tiempo. Habría prórroga.

En ella, la igualdad fue una constante y las diferencias eran muy estrechas. Connecticut rozó la gloria pero un mate de Rick Jackson mandó al partido a un segundo tiempo extra: 81-81. En ella, cada posesión sonaba a trascendental pero los nervios jugaron una mala pasada y el aro escupió las últimas posesiones de cada equipo. En los ocho segundos finales cada conjunto tuvo su oportunidad pero el balón no quiso entrar y la tercera prórroga era un hecho (87-87).

Aquí, el guión fue bastante diferente y el encuentro ganó en acierto, en belleza y, por supuesto, en épica. Por si faltaba algo de ella, claro. UConn se puso con seis de ventaja en el luminoso a falta de dos minutos aunque -oh, sorpresa-Syracuse remontó. Price, que llevaba 7 de 8 en tiros libres, tuvo la oportunidad de dejar el partido sentenciado para su Connecticut pero su fallo y un formidable triple de Rautins conseguían rizar el rizo: 98-98. Los dos últimos tiros errados por Adrien y Price condenaban al encuentro a otros cinco minutos de batalla.

El cuarto periodo extra fue un calco del segundo. Aunque con los papeles cambiados. En esta ocasión, fue UConn quien tenía el balón para la victoria pero no acertó y Syracuse el que contó con diez segundos para conquistar el encuentro. Sin embargo, dos nuevos falos de Harris, taponado bajo el aro, provocaron que el mito creciera: 104-104. ¡Quinta prórroga!

Nuevamente, Prince –máximo anotador de Connecticut al final del choque- tuvo en su mano cambiar el signo del partido pero su triple final, cuando el marcador señalaba empate a 110, no quiso entrar y el rebote en ataque no fue aprovechado por Adrien para rematar de una vez la faena. La incredulidad era máxima. El partido tendría un sexto tiempo extra y las miradas eran de verdadera perplejidad. Los jugadores por el suelo, estirando, los aficionados dudando entre mirar el reloj por las horas de sueño que perderían o parar el tiempo para disfrutar de un instante único. Y la prensa tirando de diccionario para buscar los adjetivos más épicos existentes para un encuentro sin igual.

Syracuse, que siempre había estado por detrás de su oponente en todo momento, consumó la sorpresa y acabó conquistando un encuentro de ensueño por su mayor temple y frescura en el último cuarto, merced a sus “2+1” y triples finales. Para una vez que se ponían delante, no iban a desaprovechar la ocasión. No obstante, la diferencia final de diez puntos (127-117) no reflejaba lo agónico de la velada. La batalla tocaba a su fin tras 70 minutos de una locura maravillosa, al mismo tiempo que se iniciaba la leyenda. No era para menos.



CIFRAS PARA LA HISTORIA

  • Diez jugadores superaron los 40 minutos. En Connecticut, todos los titulares rebasaron los 48 minutos e incluso un suplente, Austrie, llegó a acumular 45 en la cancha. En el bando ganador, sólo hubo cuatro jugadores que rebasaron esas cifras, aunque su estancia en la pista fue aún mayor.


  • Flynn, de Syracuse, podrá algún día contarle a sus hijos que jugó 67 minutos en un partido, liderando este apartado en un partido en el que Davendorf y Price llegaron a los 61. Por el contrario, los suplentes Thomas (7), Beverly (4) y Haralson (5) se conformaron con un tiempo pírrico en un encuentro de tales características. Una hora de juego en el banquillo da para pensar de todo.



  • Captura de la retransmisión de la ESPN en la jugada que condenó el partido a su sexto tiempo extra

  • Espectaculares cifras. Dobles-dobles para regalar, puntos por doquier, 54 rebotes ofensivos entre ambos equipos y 125 en conjunto. Flynn (34 puntos, 11 asistencias), Harris (29 puntos, 22 rebotes), Price (33 puntos, 10 asistencias) y Robinson (28 puntos, 14 rebotes), los más destacados de un partido sin igual.


  • Se anotaron 102 puntos en la prórroga, un 41% de los conseguidos en todo el partido. En ese tiempo extra, de hecho, se vieron 103 tiros a canasta.


  • Ocho jugadores, cuatro en cada equipo, acabaron expulsados por acumulación de faltas.


  • Syracuse mantuvo la sangre fría y anotó 23 de sus 26 tiros libres en las prórrogas, mientras que su rival sólo se quedó en un 50%, con 11 de 22.


  • El choque fue el segundo más largo en la historia de la NCAA, tras un Cincinnati-Bradley de 1981 en el que se disputaron siete prórrogas.


  • El encuentro, considerado ya un clásico en la historia del torneo, ya ha entrado en la parrilla del ESPN Classic, que lo anuncia a bombo y platillo como reclamo.

    REACCIONES

  • “No tengo palabras. Nunca he estado más orgulloso de un equipo al que haya entrenado”- Jim Boehim, entrenador de Syracuse.


  • “Sólo quería que el partido acabar. Me decía, ‘Dios, acaba con ese encuentro. Que gane el que sea pero termina con él”- Jonny Flynn, jugador de Syracuse que estuvo 67 minutos sobre la cancha.


  • “Fue una derrota. Ocurrió algo histórico cierto. Y seguro que en verano miraré hacia atrás para observar una batalla tan histórica. Pero ahora mismo, es una derrota”- Jim Calhoun, entrenador de UConn.


  • "Fue el mejor partido que jamás he visto. El mejor que jamás se ha visto en este torneo. El nivel de competitividad fue extraordinario”- Mike Tranghese, comisionado de Big East.
  • Daniel Barranquero
    @danibarranquero
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