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Un fin de semana de Series Colegiales, a flor de piel
Acabaron las Series Colegiales ACB dejando mucho más que triunfos y jugadas espectaculares. Mariano Galindo nos transmite las sensaciones que, a flor de piel, acompañaron un fin de semana mágico en el Magariños


Las Series Colegiales generaron muchas emociones (Foto Quim Arqué)

Son las 18:40 horas de la tarde del domingo 5 de abril de 2009. Una nueva edición de las Series Colegiales languidece entre gente que recoge miles de cables, gradas que antes llenas, ahora se quedan vacías y colegios que emprenden el camino de vuelta a casa.

Si hace unas horas el Antonio Magariños era una fiesta, ahora sólo quedamos unos pocos y Quim Arqué y yo seguimos apurando las horas, las fotos, las teclas, los textos.

Las imágenes se agolpan en la cámara de Quim, en nuestros ordenadores, en nuestras cabezas. Habrá que dejar que pase algo de tiempo, alejarse del escenario, para reordenar todo un poco y contar lo que ha sido el fin de fiesta de las Series Colegiales 2008-09.

Y eso he hecho exactamente. A martes por la noche, Madrid, aunque viva en ella, queda algo lejos. Es raro que después de seis meses de trabajo, de cuidar un web día tras día, ahora ya te toque descansar. No es que no pida a gritos unas vacaciones, simplemente señalo que fue tan intenso todo lo vivido en el Magariños, y fuera de él, que lo primero que sentí al terminar todo fue un enorme vacío. Me pasó con la Copa del Rey, me sucede de nuevo.

Lo primero que me impresionó de todo fue la puesta en escena, el acto de recibimiento de los participantes organizado por ACB y Orange. Entonces era viernes, debía de ser primavera, y creo que aquellos chicos y chicas se quedaron impresionados con todo lo que se montó para ellos. A mí me hubiera pasado. Estábamos en el momento previo de la competición, una temporada entera de trabajo, de sueños, de horas de sueño, iban a tener su reválida en la cancha del Magariños desde el día siguiente. Nosotros, a nuestra manera, el viernes decidimos “abrir” la competición con un 3x3 antes de irnos a casa a descansar...

Imagino que para algunos competidores fue más difícil que para otros. En lo que a mí respecta, no tuve problema. Y mucho se lo debo a la rapidez y coordinación que tuve con Quim. Les prometo que casi nunca le ubicaba en el pabellón, el tío siempre por ahí dándole a la cámara y de repente, se sentaba a tu lado, te decía alguna cosa al respecto de que se le iba a caer el dedo a trozos, te reías un rato y fotos listas para ser colgadas.

De ese sábado, en lo deportivo, me van a perdonar pero me vuelvo a quedar con la exhibición de Octavio Cuenca y de Ana Larrañaga. Ya, ya sé que lo dije en las crónicas, pero es que en este caso, ni el transcurrir de los días ha alejado de mí la impresión que me causaron. Santamarca y Urola, sus equipos, iban a la final llevados en volandas por estos dos jugadores. No, definitivamente no eran cosas del directo.

En lo extradeportivo, o no sé si llamarlo así, quiero hablar de Pascualet, el speaker. Y digo que no sé si referirme a su actuación como algo extradeportivo porque les juro que de solo verlo, te cansas. Estoy completamente seguro de que acabó peor que todos los jugadores de las Finales juntos, e incluso de las Series. Tú, que llegas ahí al Magariños como buenamente puedes y te encuentras a este señor dando voces, corriendo de un lado a otro sin parar ni un minuto, hablando y pegando volteretas. Definitivamente, un crack.

Después de una jornada agotadora de sábado, y con las Finales a la vuelta de la esquina, nos volvemos a quedar en casa para reponer fuerzas y dar la talla en la jornada venidera…

Así llega el domingo, otra vez el Ramiro de Maeztu, su cancha, te abre las puertas. Resulta que te pasas tres días en un recinto y ya te crees que es tu casa, tu comunidad de vecinos; saludas al del bar como si hubieses vivido con él toda la vida.

Así, se suceden los partidos de consolación, preámbulo de las grandes citas, las de los elegidos. En la masculina, se habla mucho del duelo Cuenca- Tomàs y aparece, sin hacer ruido, Suñé, coronándose como campeón de las Series por segunda vez en su vida. Si algún día hay un Salón de la Fama de esta competición, el primero que debe pisarlo es el capitán de los “Dimonis”. Sin discusión. Badalonés le debe mucho, y el manteo no es más que un reconocimiento humano y terrenal a un jugadorazo que resolvió el partido para los suyos.

Más tarde, las Series sí que entran en su recta final, definitiva, por este año. “Qué cerca lo tuvimos”, me dice el técnico de Urola Ikastola. Es cierto, demasiado cierto quizá, pero las Series también le debían una a Ramiro.

A nosotros, creo, no nos deben nada. Nos han colmado este año. Yo en cambio, sí le debo agradecimientos a Roberto, por confiar en mí para este proyecto, a Quim, por su capacidad para trabajar y divertirse a partes iguales, a Jordi, porque sabe que le valoro todo lo que hace y a Álex y a Ana por preocuparse siempre de cómo me iban las cosas. Somos bicampeones. Nos vemos donde ya sabéis. Hasta el año que viene.

Mariano Galindo Gómez
(Comunicación III Campus Ricky Rubio 9)

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